Praga y estudios de Derecho
Nacido en Praga en una familia de comerciantes judíos de lengua alemana, se doctoró en Derecho por la universidad alemana de Praga en 1906.
Una biblioteca de pensamiento
Narrar una ley que nadie logra alcanzar.
Franz Kafka fue un escritor judío de Praga en lengua alemana que pasó la mayor parte de su vida laboral como jurista en un instituto de seguros de accidentes de trabajo y escribía sobre todo de noche. Sus relatos, novelas, diarios y cartas, publicados en su mayoría tras su muerte, muestran a individuos frente a tribunales, oficinas y familias cuyas reglas permanecen opacas, y se han convertido en una referencia de la reflexión filosófica sobre la culpa, la autoridad y la extrañeza.
Nacido en Praga en una familia de comerciantes judíos de lengua alemana, se doctoró en Derecho por la universidad alemana de Praga en 1906.
Entró en 1908 en el Instituto de Seguros contra Accidentes de Trabajo y en 1912 escribió La condena y La metamorfosis.
Comenzó El proceso en agosto de 1914 y lo dejó inacabado; La metamorfosis se publicó en 1915.
En 1917 se le diagnosticó tuberculosis; escribió la Carta al padre en 1919 y empezó a cartearse con Milena Jesenská en 1920.
Escribió El castillo y se jubiló en 1922, vivió en Berlín con Dora Diamant y murió en Kierling, cerca de Viena, en 1924.
Desoyendo la petición de Kafka de destruir sus manuscritos, Max Brod publicó El proceso en 1925, El castillo en 1926 y América en 1927.
Franz Kafka nació el 3 de julio de 1883 en Praga, entonces ciudad de Austria-Hungría, primogénito de Hermann Kafka, comerciante de artículos de mercería salido de la pobreza, y de Julie Löwy. Asistió al gimnasio alemán de la Ciudad Vieja, estudió Derecho en la universidad alemana de Praga y se doctoró en 1906; allí conoció a Max Brod, que se convirtió en su amigo más cercano. Tras un año en una aseguradora privada, entró en 1908 en el Instituto de Seguros contra Accidentes de Trabajo del Reino de Bohemia, donde redactó informes sobre prevención de accidentes y clasificación de riesgos. Sus diarios registran la tensión entre ese respetado puesto diurno y la escritura que cultivaba de noche.
En la noche del 22 al 23 de septiembre de 1912 Kafka escribió La condena de un tirón y, a finales de ese otoño, La metamorfosis. Aquel verano había conocido a la berlinesa Felice Bauer; su enorme correspondencia y dos compromisos rotos, en 1914 y 1917, documentan su conflicto entre el matrimonio y una vida consagrada a la escritura. Su primer libro, la colección de prosas Betrachtung, apareció a finales de 1912. En agosto de 1914, al estallar la guerra, comenzó El proceso y poco después escribió En la colonia penitenciaria. La novela quedó inacabada, mientras que La metamorfosis se publicó en 1915.
En 1917 se le diagnosticó a Kafka una tuberculosis pulmonar. Pasó varios meses en la aldea bohemia de Zürau con su hermana Ottla; allí escribió breves aforismos sobre la verdad, el mal y la esperanza y leyó con detenimiento a Kierkegaard, descubierto unos años antes. En 1919 redactó una extensa Carta al padre, análisis de la autoridad paterna y de su propio sentimiento de culpa, que nunca llegó a entregar. Desde 1920 mantuvo correspondencia con Milena Jesenská, su traductora al checo. En 1922 escribió la mayor parte de El castillo, también interrumpido, y se jubiló anticipadamente del instituto por motivos de salud.
En 1923 Kafka se trasladó a Berlín con Dora Diamant, con la esperanza de vivir lejos de Praga pese a la inflación y al agravamiento de su enfermedad. Murió el 3 de junio de 1924 en un sanatorio de Kierling, cerca de Viena, mientras corregía las pruebas del volumen Un artista del hambre. Había pedido a Max Brod que quemara sus papeles inéditos; Brod, en cambio, editó El proceso, El castillo y América, y marcó su recepción durante décadas. Las ediciones críticas publicadas desde 1982 han restituido la letra y el estado fragmentario de los manuscritos. Sus tres hermanas fueron asesinadas en el Holocausto, y su nombre se convirtió en un adjetivo mucho más allá de la literatura.
Walter Benjamin, Hannah Arendt, Albert Camus, Theodor W. Adorno, Gilles Deleuze y Félix Guattari o Jacques Derrida leyeron a Kafka como pensador de la ley, el poder, la esperanza y la administración moderna. El adjetivo «kafkiano» ha pasado a muchas lenguas, pero la crítica advierte contra reducir textos deliberadamente abiertos a una sola alegoría, ya sea teológica, política o psicológica.
Fuentes y referencias