Monacato benedictino · teología visionaria · 1098 – 1179

Hildegarda de Bingen

Decir y escribir lo que se ve y se oye: el mundo es la obra viva de Dios.

Disibodenberg · Rupertsberg · Eibingen
Biografía

El hilo de una vida.

Magistra benedictina de Renania, Hildegarda de Bingen consignó en latín, a partir de 1141, las visiones que decía recibir de la «luz viviente». Fundó los monasterios de Rupertsberg y Eibingen, escribió tres grandes obras visionarias, libros sobre la naturaleza y la medicina, cantos litúrgicos y un drama moral cantado, mantuvo correspondencia con papas y emperadores y predicó en público, un papel excepcional para una mujer de su tiempo.

1098

Nacimiento en Bermersheim

Nació cerca de Alzey en una familia noble, de la que era la décima hija, y fue destinada desde la infancia a la vida religiosa.

1112

Reclusión en Disibodenberg

Fue recluida con Jutta de Sponheim junto a los monjes benedictinos de Disibodenberg, donde más tarde profesó.

1141

La orden de escribir

Una luz ígnea, según relata, inundó su mente y le ordenó poner por escrito sus visiones; el Scivias le llevó diez años.

1147–1148

Sínodo de Tréveris

El papa Eugenio III leyó pasajes de su obra ante los obispos reunidos y la animó a seguir escribiendo.

1150

El Rupertsberg

Trasladó su comunidad a un nuevo monasterio en el Rupertsberg, cerca de Bingen, y en 1165 fundó una segunda casa en Eibingen.

1179

Entredicho y muerte

Poco después de que los prelados de Maguncia levantaran el entredicho sobre su monasterio, murió en el Rupertsberg el 17 de septiembre.

Comprender una vida en profundidad

01Una niña ofrecida a Dios

Hildegarda nació en 1098 en Bermersheim, cerca de Alzey, décima hija de los nobles Hildebert y Mechthild, que la consagraron a la vida religiosa. Siendo niña fue confiada a Jutta de Sponheim y, según la biografía de Jutta, ambas fueron recluidas en 1112 en una celda junto a los monjes benedictinos de Disibodenberg. Allí Hildegarda aprendió el salterio, la liturgia y el latín suficiente para leer la Escritura, aunque más tarde se describiera como iletrada. Desde la primera infancia veía una luz deslumbrante, pero apenas habló de ella con nadie. Cuando Jutta murió en 1136, la creciente comunidad de mujeres la eligió magistra.

02La llamada de 1141

En 1141, cuando tenía cuarenta y dos años y siete meses, Hildegarda cuenta que una luz ígnea venida del cielo abierto inundó su cerebro y su corazón y le hizo comprender de pronto los Salmos, los Evangelios y los demás libros de la Escritura. Una voz le ordenó decir y escribir lo que veía y oía. Tras dudar y caer enferma, comenzó el Scivias con la ayuda del monje Volmar, su secretario, y de la monja Richardis de Stade. Hacia 1146 buscó el apoyo de Bernardo de Claraval, y en el sínodo de Tréveris de 1147–1148 el papa Eugenio III leyó pasajes de su obra y la animó a seguir escribiendo.

03Fundadora, abadesa y predicadora

Hacia 1150, pese a la resistencia de los monjes de Disibodenberg, Hildegarda trasladó a sus monjas a un nuevo monasterio en el Rupertsberg, cerca de Bingen, y en 1165 fundó una segunda casa en Eibingen, al otro lado del Rin. Defendió la independencia de su fundación, lloró amargamente la partida de Richardis, que en 1151 se marchó para dirigir otro convento, y obtuvo en 1163 una carta de protección de Federico Barbarroja. Entre 1158 y 1171 aproximadamente emprendió viajes de predicación a Maguncia, Wurzburgo, Bamberg, Tréveris, Metz, Colonia y Suabia, denunciando la negligencia del clero y a los cátaros. Se conservan unas cuatrocientas cartas de su correspondencia con papas, obispos, gobernantes, monjes y laicos.

04Una enciclopedia visionaria

Después del Scivias, Hildegarda escribió el Libro de los méritos de la vida entre 1158 y 1163 y el Libro de las obras divinas entre 1163 y 1173 aproximadamente, donde el ser humano ocupa el centro del cosmos. Compuso también unos setenta cantos y el Ordo Virtutum, escribió sobre la naturaleza y la medicina, redactó vidas de santos locales e inventó una lengua, la Lingua ignota. En 1178 se negó a exhumar a un noble, antes excomulgado, enterrado en el Rupertsberg, afirmando que se había reconciliado con la Iglesia; los prelados de Maguncia sometieron su comunidad a entredicho hasta marzo de 1179. Murió en el Rupertsberg el 17 de septiembre de 1179.

Un legado y sus tensiones.

Venerada poco después de su muerte, Hildegarda fue honrada como santa en calendarios locales aunque los procesos de canonización iniciados bajo Gregorio IX e Inocencio IV nunca concluyeron; en 2012 Benedicto XVI extendió su culto a toda la Iglesia y la proclamó doctora de la Iglesia. En las últimas décadas sus cantos se han grabado e interpretado ampliamente, y los historiadores de la teología, de la ciencia y de la escritura de mujeres estudian sus obras, mientras que la moderna «medicina de Hildegarda» va mucho más allá de lo que contienen sus textos.

Fuentes y referencias
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