Nacimiento e infancia latina
Nacido en el castillo de Montaigne, en el Périgord, aprendió el latín como primera lengua con un preceptor alemán.
Una biblioteca de pensamiento
Pintar no el ser, sino el tránsito.
Michel de Montaigne, magistrado, alcalde de Burdeos y caballero rural, inventó una forma nueva de escritura, el ensayo, tras retirarse a su biblioteca en 1571. Al poner a prueba su juicio ante los libros, las costumbres, la amistad, la enfermedad y la muerte, se tomó a sí mismo por tema y extrajo del escepticismo antiguo y de la filosofía moral una indagación sostenida sobre los límites del saber humano.
Nacido en el castillo de Montaigne, en el Périgord, aprendió el latín como primera lengua con un preceptor alemán.
Consejero del Parlamento de Burdeos, trabó allí amistad con Étienne de La Boétie, muerto en 1563.
Tras vender su cargo, se retiró a sus tierras y señaló su retiro con una inscripción latina.
Los dos primeros libros de los Ensayos aparecieron en Burdeos antes de su viaje por Suiza, Alemania e Italia.
Elegido durante su ausencia y reelegido en 1583, ejerció dos mandatos durante las guerras de religión.
La edición parisina de 1588 añadió el libro III; siguió anotando su ejemplar hasta su muerte en 1592.
Michel Eyquem nació el 28 de febrero de 1533 en el castillo de Montaigne, en el Périgord, en una rica familia de comerciantes bordeleses que acababa de acceder a la nobleza. Su padre, Pierre Eyquem, más tarde alcalde de Burdeos, le hizo aprender el latín como primera lengua con un preceptor alemán antes de enviarlo al colegio de Guyena. Tras estudiar derecho fue consejero en Périgueux y, desde 1557, en el Parlamento de Burdeos. Allí trabó amistad con Étienne de La Boétie, cuya muerte en 1563 relató en una larga carta y cuyo recuerdo atraviesa los Ensayos. En 1565 se casó con Françoise de La Chassaigne; de sus seis hijas solo Léonor sobrevivió a la infancia.
Tras la muerte de su padre en 1568, Montaigne publicó su traducción de la Teología natural de Sabunde, heredó la finca y su nombre y en 1570 vendió su cargo. Una inscripción latina fechada en 1571 deja constancia de su retiro a la biblioteca de la torre, cuyas vigas hizo cubrir más tarde con sentencias de la Escritura y de autores antiguos. En esos mismos años editó las obras de La Boétie y recibió el collar de la orden de San Miguel. En plenas guerras de religión comenzó hacia 1572 una serie de capítulos breves sobre lecturas y ejemplos que se convirtieron poco a poco en el registro de su propio juicio. Los dos primeros libros aparecieron en Burdeos en 1580.
En junio de 1580 Montaigne emprendió un viaje de diecisiete meses por Suiza, Alemania e Italia, en parte para aliviar sus cálculos renales. En Roma, los censores pontificios le devolvieron los Ensayos con observaciones que no equivalían a una condena, y recibió la ciudadanía romana. En los baños cercanos a Lucca supo que había sido elegido alcalde de Burdeos; ejerció el cargo de 1581 a 1585 y fue reelegido en 1583. Católico moderado, apreciado tanto por Enrique de Navarra como por la corte, sirvió de intermediario en los conflictos con la Liga. La edición parisina de 1588 añadió un tercer libro, y ese verano los partidarios de la Liga lo encerraron brevemente en la Bastilla.
En 1588 Montaigne conoció a Marie de Gournay, que fue su «hija de alianza» y más tarde su editora. Hasta su muerte en el castillo, el 13 de septiembre de 1592, llenó de adiciones los márgenes de un ejemplar de la edición de 1588, hoy llamado Ejemplar de Burdeos. La edición de 1595 preparada por Gournay se basa en otra copia revisada, y la relación entre ambos textos sigue discutiéndose. Leídos por Charron, Pascal y Descartes, traducidos al inglés por John Florio en 1603 y retomados por Shakespeare, los Ensayos fueron incluidos en el Índice por Roma en 1676. Los intérpretes aún discuten si debe leerse como escéptico, católico fideísta, estoico, epicúreo o librepensador, y si su pensamiento evolucionó.
Los Ensayos dieron a la prosa europea una forma nueva y un modelo de examen de sí sin afeites. Pascal discutió con ellos, Descartes reelaboró su duda, Shakespeare se inspiró en ellos, Bacon tomó su nombre, y Rousseau, Emerson y Nietzsche los admiraron. Aún se debaten su escepticismo, su religión, su política de la moderación y sus juicios sobre las mujeres y los pueblos de América.
Fuentes y referencias