Nacimiento y nuevo nombre
Nacido en París y educado por los jesuitas, estuvo preso en la Bastilla y adoptó el nombre de Voltaire tras el éxito de Edipo.
Una biblioteca de pensamiento
Combatir el fanatismo con razón e ironía.
Voltaire, seudónimo de François-Marie Arouet, fue poeta, dramaturgo, historiador y polemista, e hizo de la filosofía un arma pública contra el fanatismo y la justicia arbitraria. Inspirado por Locke y Newton, defendió un deísmo racional, la tolerancia religiosa y la reforma judicial, y convirtió el cuento, la carta y el panfleto en instrumentos de examen crítico.
Nacido en París y educado por los jesuitas, estuvo preso en la Bastilla y adoptó el nombre de Voltaire tras el éxito de Edipo.
El exilio inglés dio origen a las Cartas filosóficas, condenadas por el Parlamento de París en 1734.
En Cirey vivió y trabajó con Émilie du Châtelet, estudió a Newton y escribió historia, cuentos y obras de teatro.
Junto a Federico II publicó El siglo de Luis XIV antes de romper con el rey.
Instalado cerca de Ginebra, respondió al terremoto de Lisboa con un poema sobre el mal, se trasladó luego a Ferney y publicó Cándido.
El caso Calas, el Tratado sobre la tolerancia y el Diccionario filosófico precedieron su regreso a París, donde murió en 1778.
Nacido en París en 1694, hijo de un notario, François-Marie Arouet se formó con los jesuitas en el colegio Louis-le-Grand, donde adquirió una cultura clásica, el gusto por el teatro y amistades duraderas entre las élites. Unos versos satíricos que se le atribuyeron le valieron casi un año en la Bastilla desde 1717; salió de ella con una tragedia, Edipo, cuyo triunfo en 1718 coincidió con la adopción del nombre de Voltaire. La poesía épica y la escena lo hicieron célebre, pero una disputa con el caballero de Rohan en 1726 le mostró cuán frágil seguía siendo el ingenio de un plebeyo frente al privilegio aristocrático.
Exiliado en Inglaterra de 1726 a 1728, Voltaire descubrió allí una monarquía limitada por el Parlamento, la convivencia de muchas Iglesias, el prestigio social del comercio y la obra de Locke y Newton. Las Cartas filosóficas nacieron de esa experiencia; su condena en 1734 lo llevó a instalarse en Cirey, en Champaña, junto a Émilie du Châtelet. Durante unos quince años, el estudio, los experimentos, la historia y el teatro fueron allí de la mano: los Elementos de la filosofía de Newton, de 1738, deben mucho a esta colaboración, cuyo alcance intelectual no se reduce a su dimensión sentimental.
Tras la muerte de Émilie du Châtelet en 1749, Voltaire aceptó la invitación de Federico II a Prusia, donde publicó El siglo de Luis XIV en 1751. Una disputa con Maupertuis y una humillante detención en Fráncfort en 1753 pusieron fin a la experiencia. Se instaló entonces cerca de Ginebra y, desde 1759, en Ferney, justo dentro de Francia, una posición que le permitía moverse entre varias jurisdicciones. El terremoto de Lisboa de 1755 le inspiró un poema sobre el problema del mal, al que Rousseau respondió con una carta sobre la providencia; Cándido, en 1759, retomó la cuestión en forma de cuento.
En Ferney, Voltaire dirigió una finca, talleres y una inmensa correspondencia, mientras publicaba, a menudo de forma anónima o con seudónimos, cuentos, el Diccionario filosófico de 1764 y panfletos contra lo que llamaba «la infame». Desde 1762, el caso Calas lo convirtió en defensor de las víctimas del fanatismo judicial y religioso, seguido por los casos Sirven y La Barre. De regreso en París en 1778, fue celebrado en el teatro y murió allí ese mismo año; sus restos fueron trasladados al Panteón en 1791. Sus escritos contienen también pasajes hostiles a los judíos y tesis poligenistas sobre las razas humanas que la investigación examina hoy críticamente.
Sus campañas hicieron del hombre de letras un defensor público de los perseguidos y contribuyeron a forjar las ideas modernas de tolerancia, libertad de expresión y reforma penal. Su ironía sigue siendo un modelo de crítica, pero su deísmo, sus compromisos con protectores poderosos y sus pasajes antijudíos invitan a leerlo críticamente y no como un santo de la Ilustración.
Fuentes y referencias