Nacimiento cerca de Bujará
Ibn Sina nació en Afshana, cerca de Bujará, capital de los samánidas, donde su familia se instaló pronto; su padre gobernaba un distrito vecino.
Distinguir lo que una cosa es del hecho de que exista.
Avicena, Ibn Sina en árabe, fue un médico, funcionario de corte y filósofo nacido cerca de Bujará en una familia de lengua persa, que pasó la vida desplazándose entre las cortes principescas de Asia central e Irán. Escribiendo sobre todo en árabe, refundió la filosofía de Aristóteles en un sistema único basado en la distinción entre esencia y existencia y en un Existente necesario, mientras su Canon de la medicina fue durante siglos un manual de referencia.
Ibn Sina nació en Afshana, cerca de Bujará, capital de los samánidas, donde su familia se instaló pronto; su padre gobernaba un distrito vecino.
Tras tratar con éxito al emir Nuh ibn Mansur, el joven médico obtuvo permiso para estudiar en la biblioteca del palacio samánida.
Cuando los qarajánidas tomaron Bujará y acabaron con el poder samánida, partió hacia Gurganj, en Corasmia, y sirvió a su soberano.
En Hamadán fue médico y visir de Shams al-Dawla y comenzó El libro de la curación con sus discípulos.
Tras meses de cautiverio en la fortaleza de Fardajan, salió de Hamadán vestido de sufí hacia la corte de Ala al-Dawla en Isfahán.
Enfermo durante una campaña de Ala al-Dawla, murió en Hamadán, donde un mausoleo moderno honra su memoria.
Abu Ali al-Husayn ibn Sina nació en Afshana, cerca de Bujará, según la tradición en 980, aunque el año pudo ser anterior; su padre, oriundo de Balj, gobernaba un distrito al servicio de los emires samánidas. En la autobiografía que dictó más tarde a su discípulo al-Juzjani recuerda haber aprendido de niño el Corán y buena parte de la literatura, y después lógica, geometría, astronomía y medicina, casi siempre por su cuenta. Leyó cuarenta veces la Metafísica de Aristóteles sin captar su propósito, hasta que un ejemplar barato del ensayo de al-Farabi sobre ella, comprado en el mercado de los libreros, se la abrió. Tras curar al emir enfermo Nuh ibn Mansur, fue admitido en la biblioteca real y, a los dieciocho años, según dice, dominaba todas las ciencias.
Cuando los qarajánidas turcos tomaron Bujará en 999 y pusieron fin al poder samánida, Ibn Sina dejó su cargo en la administración financiera y comenzó una vida errante en busca de mecenas. Sirvió al Jwarizmshah en Gurganj, se trasladó en 1012 a Jurjan, donde se le unió al-Juzjani y comenzó el Canon de la medicina, y pasó luego por Rayy hasta llegar a Hamadán. Allí el príncipe buyí Shams al-Dawla lo hizo su médico y, en dos ocasiones, su visir; unas tropas amotinadas llegaron a exigir su muerte y tuvo que esconderse. Dedicaba las veladas a la enseñanza: los discípulos se reunían para leer El libro de la curación a medida que lo escribía.
Tras la muerte de Shams al-Dawla en 1021, Ibn Sina se dirigió en secreto a Ala al-Dawla, soberano kakuyí de Isfahán, y fue encarcelado varios meses en la fortaleza de Fardajan, donde aún escribió, entre otras obras, la alegoría Hayy ibn Yaqzan. Hacia 1024 huyó a Isfahán disfrazado de sufí, con su hermano, al-Juzjani y dos sirvientes. En la corte de Ala al-Dawla pasó sus últimos trece años aproximadamente: concluyó El libro de la curación y compuso la más breve Salvación, una Filosofía para Ala al-Dawla en persa y, por último, el Libro de las indicaciones y advertencias, mientras realizaba observaciones astronómicas para su protector.
Ibn Sina murió en 1037 en Hamadán, aquejado de cólicos mientras acompañaba una campaña de Ala al-Dawla, y allí fue enterrado. Su sistema se convirtió en el principal objeto de debate en el Oriente islámico: La incoherencia de los filósofos de al-Ghazali, concluida en 1095, condenó sus tesis sobre la eternidad del mundo, el conocimiento divino de los particulares y la resurrección corporal, mientras pensadores posteriores, de Suhrawardi a Mulla Sadra, prolongaron su obra. En Toledo, las versiones latinas de El libro de la curación y del Canon dieron a los escolásticos su Avicena, leído con atención por Alberto Magno, Tomás de Aquino y Duns Escoto.
Avicena se convirtió en el punto de referencia de la filosofía posterior en el Oriente islámico, criticado por al-Ghazali y Averroes y comentado por Fajr al-Din al-Razi y Nasir al-Din al-Tusi. En latín, su metafísica y su psicología marcaron a Alberto Magno, Tomás de Aquino y Duns Escoto, y el Canon se enseñó en las facultades de medicina europeas hasta el siglo XVII.
Fuentes y referencias